El Profesor


Profesores, abundan. Hay muchos. Buenos profesores ya hay menos. Maestros, lo que se dice maestros, "rara avis", pero aún los hay.

Tuvimos, de alumnos, muchos profesores. Unos buenos, otros regulares y otros, verdaderamente, malos profesores. Al menos así se dice, en teoría, profesores de todo tipo. Sin embargo, piensa un momento en los profesores que tú tuviste de pequeño. A la mente viene ese profesor que te quería, que te estimaba, etc., etc., y que sabía, sí que sabía. Pues vamos a analizar a ese buen profesor, y de él sacamos las notas características que creemos que tiene que tener todo BUEN PROFESOR.

1.- El buen profesor SIEMPRE cree que el alumno puede aprobar.
El buen profesor lo cree, no sólo lo piensa. Si sólo piensa, es que está haciendo un acto reflexivo de asimilación, pero no lo tiene asumido. Si sólo lo piensa, es que lo duda o dudó, y en la duda hay posibilidades de ser sí y de ser no, al final lo pensó y hubo más posibilidades de que sí. Pero el buen profesor, lo cree, ya no lo piensa porque no hay en él miradas en lados oscuros y fangosos del alumno. Sólo está en la mente del buen profesor el lado bueno del alumno:" este alumno se puede superar".

Una de las ventajas del creer es que eso se trasluce al exterior y el alumno lo capta. Y si no lo cree también se trasluce al exterior y el alumno también lo capta. Y ¿por dónde se trasluce mi creencia del alumno al exterior? El conocimiento de la persona es intuitivo y por intuición, que es la captación de la vista, del gesto y del tono, el alumno sabe lo que el profesor cuece dentro de él sobre él.

2.- Mira tú a uno de tus profesores preferidos.

Tú intuías que él esperaba de ti más, incluso, de lo que tú creías. Sabías que él te valoraba más de lo que tú valías. Y que él no sabía el lado malo tuyo. Y tú intentas ocultar el lado norte y frío de tu faz cultural. Por eso era el bueno. Porque sólo sabía el lado bueno. Y por eso era buen profesor. Y por eso mismo para que sólo hubiera ese lado bueno, en esa materia te esforzabas más. Y a más esfuerzo, lógico, mejores resultados. Y a mejores resultados, mejor profesor.


El Buen Profesor saca a relucir el lado bueno del alumno y no quiere sacar el lado oscuro.

El Mal profesor no olvida las cosas malas del alumno y de cuando en cuando se las saca en desfile. Si el desfile de sus vergüenzas se lo hace en horas de mayor audiencia de compañeros, a ese profesor no lo olvidará el alumno, aunque pase el tiempo, porque fue una flecha muy bien clavada en diana deportiva, o torero que colocó las banderillas en plaza soleada a manso toro acobardado. Ese profesor quiso ser "maestro" de toros. Malo, malo.


El Buen Profesor ve el lado bueno del alumno.


3.- El Buen Profesor sabe ponerse en el puesto del alumno.

Y ve las cosas como las ven los alumnos.

El mal profesor ve las cosas como las ve el profesor, como tendrían que ser, no como son. No es capaz de bajar a ver como las ve el alumno.

El buen profesor es capaz de desdoblarse: verlas como alumno y como profesor. El alumno sólo las puede ver como alumno, porque nunca ha sido profesor. Sin embargo el profesor, refresca en la memoria los sentimientos que tuvo cuando fue alumno. Y por eso puede ponerse en la piel del alumno. Pero eso sólo lo hará el buen profesor.

El refrán que dice que no sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió, muchas veces puede aplicarse a los profesores. Lo lógico del refrán es que se le pueda pedir a quien pidió, porque comprende el pedir. Y sin embargo falla la lógica. No pidas a quien pidió. Aplicado a profesores, he visto alumnos a los que se les ayudó en ciertas materias porque les costaba el superarlas y ahora los he visto de profesores que son inflexibles ante sus alumnos, que también hay algunos a los que les cuesta superar ciertas materias.

El Buen Profesor no olvida los sufrimientos y esfuerzos que él tuvo que realizar para lograr ciertas notas. Y no olvida que fueron buenos con él, aunque le parecieron en aquellos momentos un poco exigentes. No olvida lo que fue y sabe del daño que le hacen si le dicen que él no estudió. Y porque no quiere herir como a él le hirieron o le pudieron herir nunca despreciará a sus alumnos, como si fuesen unos vagos, como si no estudiasen, como queriendo decir que para estudiar sólo él. Si eso piensa, eso logra: que no le estudien, que sean unos vagos. He aquí lo que consigue el mal profesor: no enseñar. Y al revés: el que valora lo que trabajan, logrará que al final trabajen más. A más, más, y a menos, menos.


4.- El Buen Profesor quiere de verdad a sus alumnos.

Al querer a sus alumnos, les habla de lo bonito que es la asignatura. Y se lo creen. Aunque al principio, lo rechacen, al final terminan creyendo que es una asignatura bonita. Lo antipático no está en la materia, sino en el profesor. Y como el profesor se proponga con buena cara, con mucha estima hacia los alumnos, la aridez de la asignatura desaparece. Y se logra que se estudie.

Las cosas que se estudian con agrado, gustan más y se aprenden mejor. Las cosas que se aprenden mejor se estudian con agrado. Es un círculo vicioso.

Si un alumno estudia, no estudia por la asignatura, sino por el profesor. Si el profesor le dice al alumno que le estima, ese alumno, no cabe duda, aprobará, por el sobre-esfuerzo que realizará en el estudio personal.


El Buen Profesor quiere de verdad a sus alumnos y le dice personalmente al alumno que confía en él.


11-09-2001

Jerónimo Martínez Franco